Estoy en el jardín

A la entrada de muchas ciudades y pueblos de Francia puede encontrarse un cartel con las palabras Ville fleurie y, debajo, entre una y cuatro flores.

Se trata de un concurso anual que existe desde 1959 y que se creó para llenar el país de flores. La mejor categoría es la de cuatro flores.

La Haye-Fouassière, donde pasamos unos días de la primavera, es una villa florida de cuatro flores. Y es verdad que encuentras flores a cada paso.

Alrededor de la iglesia:

Ptit bout de France: Estoy en el jardín


Ptit bout de France: Estoy en el jardín


En la puerta de la escuela:

Ptit bout de France: Estoy en el jardín


Incluso los suelos están a veces llenos de pétalos de flores:


Ptit bout de France: Estoy en el jardín


Pétalos que, en este caso, habían caído, tras una fuerte lluvia, de este árbol:

Ptit bout de France: Estoy en el jardín


Pero en este pueblo, como en tantos otros de Francia, con la llegada de la primavera no solamente aparecen las flores de jardín. La explosión de color es vibrante en los campos y podrás apreciarla perfectamente incluso desde las carreteras:

Ptit bout de France: Estoy en el jardín


Ptit bout de France: Estoy en el jardín


El amor del ser humano por las flores es un signo de civilización: las flores no nos pagan, no nos dan de comer, no nos hacen ascender en nuestra posición social, en fin, no nos aportan más que belleza -y, a veces, buen olor-. Pero ¿cómo que no aportan más que belleza? Justamente estas cosas son las que hacen mejor el mundo. Y por eso la idea de este concurso es fantástica y estaría muy bien que se exportara a otros países donde no existe algo similar.

Para muchos franceses, las flores, y en general las plantas, ocupan un espacio y un tiempo en sus vidas. Quizá por eso, todos los días que pasamos delante de la casa de un vecino de La Haye-Fouassière vimos este cartel en su puerta:


Ptit bout de France: Estoy en el jardín

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